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¿A los cuatro años, bullying preescolar?

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¿A los cuatro años, bullying preescolar?
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Por: JOSÉ SÁNCHEZ LÓPEZ

CUANDO hablamos de bullying (maltrato escolar), regularmente nos referimos a adolescentes rebeldes o niños de primaria, que utilizan las redes sociales para ufanarse del acoso hacia sus compañeros.

Empero, algo que pocos padres conocen es el hecho de que el bullying puede darse a muy temprana edad, en la etapa preescolar, desde los cuatro años.

Según expertos, los niños antes de los tres años carecen de la habilidad cognitiva de sentir empatía. Por lo tanto, cuando hacen que otro niño sufra, es porque no se dan cuenta de lo que están haciendo.

No distinguen lo que está bien y lo que está mal.

Sin embargo, esa situación cambia después de los 4 años, que es cuando el menor ya cobra consciencia.

El bullying puede ser verbal (insultos), físico (palizas) o relacional. Las causas de este comportamiento pueden ir desde que el pequeño buleador ha sido sujeto a ese mismo trato en casa, a que busca atención o a que simplemente le gusta hacer daño a otros, en actos repetitivos que observa en su ambiente.

La identificación del bullying pre-escolar puede ser compleja. Es común que los niños peleen. De hecho, es una forma en la cual aprende habilidades sociales como el compromiso, la negociación y el perdón.

¿Pero, cuándo se torna en algo más?

Cuando el bullying hace que uno de ellos sufra de autoestima baja, ansiedad, miedo.

Los conflictos por bullying no son algo de momento sino que perdura. En una pelea del momento, ambos niños estarán sufriendo o enojados, pero en un acto de bullying, uno de los niños puede estar sonriendo, mostrando que esa era su intención.

Los buleadores saben que lo que hacen está mal. Por lo tanto, intentarán esconder su comportamiento de los papás o profesores.

Algunas señales de que el niño está siendo buleado:

Ya no le gusta ir al jardín y antes le encantaba.

Pretexta dolores de cabeza, estómago o cualquier malestar para no ir al colegio.

Ya no quiere jugar con un niño que antes era su amigo.

Constantemente cuenta que un chico lo está molestando.

Se vuelve introvertido o deprimido.

Se considera tonto o que nadie lo quiere.

Presenta pequeñas heridas o moretones, pero “olvidó” cómo se las hizo.

Uno de los factores que agrava esa situación, es la actitud de las educadoras, con sus honrosas excepciones, que se insensibilizan y se tornan apáticas e indiferentes ante lo que ocurre.

Para la gran mayoría, “son cosas de niños” sin repercusión alguna.

Sin embargo hay muchos casos que muestran lo contrario.

La señora SANDRA (nombre ficticio para evitar más bullyng), es madre de un pequeño de 4 años y cinco meses de edad.

Nunca lo llevó a guardería. Lo cuidaba la familia. Al cumplir 2 años 10 meses lo inscribió a preescolar en el Colegio Garside (este si es el nombre verdadero), ubicado en Uxmal 1002, colonia Santa Cruz Atoyac, Benito Juárez.

Desde su ingreso tuvo tres compañeros, mayores de cinco años, que lo agredían físicamente. La madre envió recados en su cuaderno morado para informar a las maestras, pero siempre lo negaron a pesar de que su niño presentaba moretones en su cuerpo. Decían que seguramente se había golpeado jugando.

Le dijo varias veces que ya no quería ir a esa escuela porque solo lo golpeaban y que lo “tocaban” y que uno de los niños le quería “meter algo atrás”.

Nuevamente lo hizo saber al profesorado, concretamente a la maestra ROSELINE TAMAYO SIGNORE, pero la “educadora” negó que hubiese ocurrido tal hecho.

En octubre de 2016, le dijeron en una carta del colegio que su niño mostraba una conducta ansiosa y agresiva, por lo que Acudió con la psicóloga especialista en niños, MARÍA AGUIRRE MOSQUEIRA, cédula 030772.

Los niños buleadores concluyeron su curso y dejaron de asistir a dicho kínder.

Ante la abulia de las maestras, decidió sacar a su niño del plantel y el 28 de febrero 2017 fue su último día en el Colegio Garside.

Fue inscrito en el Centro Académico de Desarrollo Infantil “CADI”, pero tanto en la escuela como en su casa se acentuaron conductas como acercamientos y tocamientos de las posaderas, sentarse en  objetos y moverse de un lado a otro.

La psicóloga realizo una serie de pruebas y confirmo que el niño había sido víctima de abuso sexual y como en la nueva escuela ya no era abusado, inconscientemente extrañaba que lo tocaran

La madre exige al colegio una amplia explicación y la reparación del daño que causaron a su hijo.

La respuesta del Colegio Garside ha sido nula.

En Ramos Arizpe, Coahuila, tres niños de 5 años, durante el recreo, golpearon a un compañero de tercero de kínder, hasta provocarle heridas con sangrado. Uno de ellos dijo simplemente que “querían matarlo”.

Fue necesario que lo internaran. Las autoridades del Colegio América trataron de ocultarlo.

La madre del menor agredido, acudió al colegio, ubicado en la colonia Jardín y exigió hablar con la directora, SILVIA LÒPEZ, quien dijo que “no estaba enterada”.

Sin duda que las autoridades educativas, federales y estatales, tienen mucho que hacer, pues si eso ocurre en jardines de niños, qué sucederá en planteles superiores.***LO QUE SE LES DA A LOS NIÑOS, ES LO QUE DARÁN A LA SOCIEDAD.***AU REVOIR.

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